Testimonios

Testimonio Juan Ignacio

Llegué a Senderos a fines del 2010 cuando yo tenía veintidós años y egresé de la fundación el 2015 a los veintisiete. Allí aprendí que la vida es una lucha, es difícil. Antes de llegar yo estaba en una nube, en la fantasía y allá me ayudaron a aterrizar. Me sacaron de mi interior donde estaba escondido pero quería salir.
En los cinco años que estuve dentro quise abandonar el proceso muchas veces pero el aliento de los terapeutas me dio fuerzas para seguir. Me ayudaron a encontrar trabajo, lo cual me ayudó a dar la cara, levantar la cabeza y mirar a los ojos. Ahora ya egresado sigo teniendo crisis de vez en cuando pero lo que me mantiene en mi camino es la enseñanza que me dieron y que no se olvida. Todo lo que sé es gracias a Senderos.

Juan Ignacio, 27 años. Programa Jóvenes, 2010-2015.

Testimonio Javiera

Mi llegada a Senderos no fue algo buscado por mí. Venía yo de otro centro donde, tras varios años, había llegado a un punto muerto, lo que, sumado a las diferencias que surgieron de una interconsulta realizada con psiquiatras asociados a ese lugar, me llevó a dejarlo.
No sé cómo llegó Senderos a oídos de mi mamá, pero primero recibí en mi casa a una terapeuta ocupacional. Me preguntó acerca de mis intereses e historia hasta ese punto. Me evaluó y, tras alrededor de un mes y medio, me llevó a Senderos en un horario donde no parecía encontrarse ninguno de los participantes (Participantes son los que vamos a Senderos con el fin, en términos generales, de “construir nuestro camino”). Pronto me enteré que iría a ese lugar de lunes a viernes, desde la mañana hasta la hora de almuerzo, lo que me pareció espantoso (No deseaba salir de mi casa y la idea de levantarme temprano todos los días para… ¡quién sabe qué! No me atraía en absoluto).
Yo venía de un centro con un horario más libre, por decirlo de alguna manera, al cual asistía mucha gente, por lo que mi presencia (o ausencia, según el caso), al menos a mi juicio, no se notaba mucho. Eso cambió. Senderos me forzó a acercarme a quienes ahí se encontraban, trabajando o en condiciones similares a las mías. Digo que me forzó, pero aquellos que me conocen saben que suelo necesitar impulsos iniciales y en el camino cuando se trata de apartarme de mi zona de confort, por lo que la nueva situación en la que me encontré probablemente era lo que necesitaba en ese momento (aunque no lo veía así en ese entonces).
Ahí comenzó mi historia en Senderos. Historia a lo largo de la cual conocí a personas valiosas y cálidas que me mostraron un lado mío que a mí me resultaba difícil ver: Mis potencialidades y virtudes. Senderos se convirtió entonces en una segunda casa para mí y sus participantes y facilitadores, en una segunda familia. No siempre quería estar ahí, llegar a la hora diariamente fue (y es) una tarea que me demandó un gran esfuerzo y muchas veces deseé salir corriendo.
No puedo decir que el propósito de mi permanencia y participación en Senderos fue siempre evidente para mí: Muchas veces me encontré empantanada y desesperanzada, incapaz de apreciar lo que de ahí podía obtener o aprender. En situaciones así veía a mi alrededor y el esfuerzo de aquellos que me rodeaban me daba fuerza. Todos tenemos problemas y nadie es tan perfecto como puede parecernos desde afuera. El pasar de un entorno donde los sentimientos y emociones (tanto positivos como negativos) se guardaban celosamente a otro donde se promovía compartirlos (el daño que nos causa guardarse el enojo, el miedo y la frustración constantemente es enorme, independiente del tipo de vida que llevemos) significó un gran cambio para mí, uno que me permitió sentir y expresarme con mayor libertad. El hallarme en un entorno donde podía mostrarme tal cual era (aunque no siempre me sintiera cómoda) sin sentirme amenazada por juicios o agresiones, a diferencia de otros lugares donde había estado, me permitió ser más honesta y abierta conmigo misma y con los demás.
Senderos me permitió conocer y acercarme a personas como ninguna instancia anterior en mi vida, ver las cosas, personas y a mí mismas desde nuevas y variadas perspectivas, conocer el amplio abanico de emociones que todos llevamos dentro y sentirme (y sentir a otros) más humana.
Varios años tras mi llegada a Senderos vino mi egreso, el año recién pasado preparé la PSU en un preuniversitario y actualmente me alisto para volver a estudiar en la Universidad.

Javiera, 32 años. Programa Jóvenes, 2010-2014.

Mi proceso

Senderos me ha servido para mi crecimiento personal y emocional. Mi experiencia ha sido de crecimiento en mi autoestima con talleres de aprendizajes entretenidos e interesantes. Se nota un avance en mis actos y talleres. Me siento más autónomo y en mejor relación con los demás. He aprendido a trabajar.
Me he hecho muchos TEC (terapia electro-convulsiva), he tomado muchas pastillas y a pesar de todo eso, me he superado. Cuando llegué a Senderos lo único que hacía era dormir, pero al pasar el tiempo, puedo decir, que soy un hombre feliz gracias a los talleres y el apoyo.

Mauricio, 24 años. Programa Jóvenes 2011-2014.

Mis proyectos

Mi paso por Senderos ha sido muy bueno, he conocido gente muy valiosa. Me han ayudado a enfocarme y que las cosas cobren sentido a través de variados talleres que han hecho de mí una persona más integral.
He tomado el sentido de la responsabilidad en proyectos personales consolidando así una nueva etapa reinsertándome al mundo laboral con mis negocios individuales y manejando dinero.

Alfonso, 25 años. Programa Jóvenes, 2012-2014.

Ayuda de Senderos

A mi Senderos me ha ayudado a ser mejor persona en todo sentido. Me ayudan con mi autoestima, me ayudan con mi cuerpo, me ayudan a sacar las emociones que guardo. Es un lugar muy interesante para sacarte de un problema muy complicado.
Yo he crecido como persona gracias a este hermoso lugar, la gente te apoya siempre y son muy profesionales, a mi me han apoyado en el tema laboral, en hacer currículum, en buscar trabajo

Catalina, 30 años. Programa Jóvenes, 2013-2014.

Encontrar mi camino

Senderos me ha servido para encontrar mi camino, también para recibir apoyo profesional. En Senderos te tratan de enfocar y que encuentres hacia dónde quieres ir. Es un lugar agradable donde te hacen varios tipos de talleres. Te hacen pensar y conectarte contigo mismo. Hay un ambiente de respeto y calidez humana.

Cristóbal, 30 años. Programa Jóvenes, 2011-2014.

Mi experiencia en Senderos

Pienso que mi experiencia en Senderos me ayudó mucho a crecer y poner a prueba mi potencial. En un principio fue difícil porque no quería ir, me sentía extraña, pero una vez acostumbrada a ver a mis compañeros y a los excelentes profesionales todo fue mejor.
Antes de entrar en Senderos no creía en mis capacidades, pensaba que no podía estudiar lo que quería por no tener la capacidad de hacerlo. Senderos me orientó vocacionalmente y a encontrar un instituto que ofreciera la carrera que buscaba. Me ayudaron hasta el final del proceso y por fin pude empezar a realizar mi sueño.
También me apoyaron durante los estudios y me brindaron todo su apoyo, me sentí muy bien con ellos, me devolvieron lo que alguna vez tuve: seguridad.
Hasta el día de hoy voy a saludarlos y me reciben con los brazos abiertos.

Carolina, 25 años, Programa Jóvenes. 2010 – 2012.

Buscar trabajo

Para pertenecer a Senderos y evolucionar, debes estar dispuesto a caer, a intentar, a enfrentar tus miedos, a identificar tus rabias, a reencontrarte con el mundo y poder pertenecer a él.
He tenido mis altas y bajas, pero después de intentarlo he ido aprendiendo a definir lo que me ayuda y Senderos me dio todas las herramientas para poder enfrentar a la sociedad, no me abandonó en ningún momento.
Al buscar luego un trabajo, estaba llena de miedos y de inseguridades. Las entrevistas laborales me paralizaban. El hecho de pensar que tenía que hablar de mí, de mis experiencias y "éxitos" con otra persona, en este caso con un empleador, me invadía entera. Fui a grandes empresas con grandes cargos, pero sentía que no encajaba, que no era mi situación actual. Ahí me di cuenta que debía acercarme a un trabajo simple y real, que no involucrara grandes esfuerzos o muchas responsabilidades. El temor básico en mi caso fue pensar que no servía, que no era capaz de hacerlo bien y que me iban a despedir. En mi trabajo actual he tenido suerte, he tenido compañeras que con mucha paciencia me han enseñado la forma en que se hacen las cosas en la tienda. Siempre hay alguien que te ayuda. Pero también hay que confiar y poner mucho de uno para que las cosas resulten.

Camila, 29 años. Programa Jóvenes, 2010 – 2012.

Mi experiencia en Senderos

Fue muy buena me sirvió para darme cuenta que soy un exagerado hipocondríaco, que loque me pasa no es tan grave, que puedo desarrollar un fuerte sentido del humor irónico, y reírme de mi mismo. Además, los integrantes de Senderos son personas especiales, sencillas, buenas y dulces. Descubrí que tengo dones literarios, pedagógicos y creativos, que la esquizofrenia ha potenciado. Es un viaje del alma con retorno a la realidad y la contingencia. Y siempre sentí la presencia de Dios que me regaló sueños, profecías, cuentos y poemas, y me acompañó sembrando en mi alma semillas de corazón dulce, amoroso y cariñoso, además en Senderos fui voluntario con mis exitosas clases de computación.
Ahora soy un individuo productivo que estudia en un instituto profesional de informática bien calificado, aunque debo reconocer que me cuesta, ahora voy en el segundo año y con excelentes calificaciones.

Beltrán, 35 años. Programa Adultos, 2007 – 2009.

Testimonio de Senderos

Mi experiencia en Senderos ha sido muy importante, y me ha servido mucho para mi realización personal. Me he sentido como en una familia y me he hecho de amigos.
Los talleres son muy interesantes y los profesores ayudan en nuestro crecimiento particular, poco a poco he crecido como persona y he tenido mi tiempo ocupado en cosas que ayudan con mi autoestima. En síntesis, ha sido una buena experiencia y estoy contento por ello.

Raimundo, 40 años. Programa Adultos, 2008 – 2010.

Mi testimonio

Para mi Senderos fue uno de los momentos más entretenidos donde pude conectarme con todos mis amigos y compañeros, fue una experiencia única, maravillosa, llamativa, en la cual me sentí muy dichoso y feliz. Yo por mi parte recordaré a mis compañeros con amor y cariño. Para mi Senderos fue un hogar en donde había tranquilidad. Los recordaré a todos y los tendré a todos en mi corazón.

Marcel, 42 años. Programa Adultos, 2007 – 2009.

Una consecuencia llamada Senderos

Cuando volví a Chile de mi viaje a Nueva York caí en una prolongada y amarga depresión. No le veía sentido a mi vida, no quería salir a la calle ni tampoco tenía ganas de seguir viviendo, pero un día mi médico psiquiatra me dio el nombre de una terapeuta ocupacional que se encargó de llevarme a un agradable centro de inserción laboral llamado Senderos. Desde allí mi vida comenzó a cambiar notable y progresivamente, descubrí que en ese centro había jóvenes de mi edad con las mismas dificultades que yo y juntos hemos luchado hasta el día de hoy por recuperar el sentido de nuestras vidas y ser personas valiosas y útiles para nuestra sociedad.

Gabriel, 35 años. Programa Adultos, 2007 – 2009.

Mi testimonio sobre Senderos

A mí me ha gustado mucho Senderos porque me he hecho de amigos, he aprendido computación, he jugado tenis, he jardineado, he tenido clases de arte, de yoga, de biodanza, de musicoterapia, de movimiento y de canto. También he tenido consejería, que me ha servido para lo que quiero estudiar que es turismo.

Marisol, 47 años. Programa Adultos, 2006 – 2009.

Testimonio Senderos

Llegue el año 2006 me gustó llegar Senderos, conocer personas y hacer amigos. Me enseñaron a tener hábitos, costumbres y una muy buena educación. Estoy muy agradecido de Senderos y la terapeuta que tengo. Me da pena irme, pero sé que seguiré con mi vida.
Quiero seguir en contacto con quienes conocí.
Un abrazo y muchos cariños.

Sebastián, 42 años. Programa Adultos, 2006 – 2009.